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viernes, 8 de febrero de 2008

ZAPATA CORTES Y DESPIADADO


PUBLICADO POR TAL CUAL
FOTOGRAFIA: TAL CUAL

El humorista lo lamenta por el Presidente. “Si mis caricaturas no caen bien, es porque al lector le cae mal la adulancia y, por otro lado, no se me ocurre otra cosa”

Jolguer Rodríguez Costa

Despiadado con las ideologías y el mal humor oficial -que capitaliza para descargar su guasa- Pedro León Zapata dispara talento con estilo surrealista -“sé que pienso, pero no sé cómo pienso”- desde la aristocrática comodidad del hogar, que además es taller y museo particular.
En su cálido recibo expone, sin atiborramiento, una buena selección de libros -buena parte dedicados a él-, postales, recordatorios, dibujos, fotografías, xerigrafías... recuento de más de 45 años en la “indisciplina” artística del “no trabajo”. “Un gran placer que, por sorpresa, le pagan a uno”.

-¿Vale igual su trabajo luego de aquel “avalúo” público del Presidente?

-Como no tengo las ventajas que hay en otros países, siguen valiendo lo que quiera pagarme el dueño del periódico, aunque la vanidad me dice que mi trabajo está valorado. El recordatorio de Chávez fue muy bueno para que la gente entienda que la caricatura es un negocio que se paga. Quienes tenían dudas ahora estarán convencidos de que soy un intelectual, como así nos ha venido llamando el sector del no pensamiento.

-¿La particularidad de caricaturizar a Hugo Chávez?

-Afortunadamente, al hacer la caricatura, empleo el automatismo síquico de los surrealistas. Sé que pienso, pero no sé cómo pienso en un momento dado; si agredo a alguien que me cae mal, pues lo siento mucho, pero no se me ocurrió otra cosa; peor todavía si lo defiendo. Si mis caricaturas no favorecen al gobierno de Chávez es porque al lector le cae muy mal la adulancia.

-En los años sesenta usted decía que el humor era de izquierda, hasta que parodió a principios de los ochenta con el “bojote de toleticos”, que eran los grupos izquierdistas, “no llegamos ni a la esquina”...

-Me identificaba con la izquierda y critiqué sus aspectos negativos, aunque no todo lo que quise, en momentos en que el mundo estaba radicalmente dividido entre ésta y la derecha.

-¿Ha cambiado su trabajo con la ideología?

-Continúo dibujando personajes emblemáticos, ya no el enfrentamiento entre burgueses y pobres de cuando comencé en El Nacional. Debe haber un juego intelectual de contradicción, pero encasillarse en un solo tipo de caricatura es cansón y rutinario... yo sigo pensando si soy o no rutinario.

-Antes explotaba mucho a Caldera -una de sus “víctimas” preferidas-, mientras que con Chávez ha sido más abstracto...

-No hago caricatura personal porque se burla del físico de la gente; soy despiadado con el aspecto ideológico. Sin embargo, al repasar lo hecho descubro un buen lote de caricaturas de Luis Beltrán Prieto, Rómulo Betancourt, Caldera y Luis Herrera, muy bien hechas, donde son realmente ellos. Las de Chávez son más de las que creía y tal vez de las que el público supone que he hecho.

-Los cambios en los trazos, ¿se deben a la tecnología?

-Se deben a la falta de tecnología de mi parte.

-¿Indisciplinado?

-Autores como Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez y grandes pintores se confiesan igual de indisciplinados porque rechazan el concepto de horario y oficina. El artista entiende su trabajo como un placer que, para su sorpresa, se le paga. El placer es tan grande que se confunde con disciplina. Luego, lo fundamental para mí es el no trabajo.

-¿Aristocrático?

-Sí, porque el humorismo es aristocrático, una forma oligárquica del pensamiento, que posee estratos ruines y elevados. Mientras menos aprendido sea el humorista su trabajo será mejor y más accesible. El mal humor oficial se capitaliza en una elevada forma de humorismo.

-¿Conforman los humoristas una oligarquía?

-Los humoristas siempre han sido oligarcas, pues hasta hace poco hacían periódicos donde sólo cabían ellos, especialmente algunos de izquierda, quienes le vendían la publicación a los cuatro gatos de la oligarquía venezolana y al tercer número ya estaban quebrados.

-¿Habrá gobierno que acabe con esta oligarquía?

-No; antes le tenían animadversión a Aquiles Nazoa y argumentaban que se la echaba de inteligente. Los no inteligentes se ofenden, porque creen que los inteligentes existen para humillarlos a ellos.

-Humorismo e inteligencia, ¿son lo mismo?

-Exacto; todos los humoristas son inteligentes, mientras los inteligentes puede que no sean humoristas. André Breton decía que el poeta nace, pero después se hace o deshace. Lo malo que puede pasarle a un humorista, además de eso, es acumular prosperidad económica, para luego ser respetado, respetable y, peor todavía, que se respete a sí mismo.

-¿Siente más miedo hoy que antes?

-Los gobiernos, de las pocas cosas que dan, siempre dan miedo. Y el actual no es la excepción, por lo que me da la impresión de que a la gente está más asustada que nunca. Desde la caída de Marcos Pérez Jiménez ha pasado mucho tiempo, y hoy da más miedo lo oficial -o sea, oficial del ejército o de cualquier índole oficial y de oficio- y lo policial.

-¿Algún temor particular?

-Luego de pasar la vida tratando de portarme bien para caerle bien a Dios, temo lo fastidioso que pueda ser la monótona y eterna felicidad del cielo. Del infierno tenemos una idea diferente; aun detrás de un huequito lo vemos divertido, como lo expresó Dante en La divina comedia. Este mundo, que es un infierno, cambia permanentemente, y eso lo hace divertido.

-Después de la muerte...

-La cabeza no me da para tanto. Andrés Eloy Blanco decía que soñaba con la imagen de la muerte. Hasta ahora no hay mejor demostración de la muerte que el sueño. Miguel de Unamuno decía que era un sueño sin ensueño

1 comentario:

Mitchele Vidal dijo...

Definitivamente, Zapata es un gran caricaturista y por suerte, tenemos también a Weill y a Rayma. Y como dice Laureano Márquez este gobierno se la pone "bombita" a cualquier humorista.

Un beso caraqueño a mis compatriotas en el exterior.