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martes, 7 de abril de 2009

¿Cuánto cuesta el rock en Venezuela?


Publicado por SALA DE ESPERA

ormar y mantener una banda no es cosa fácil. Hace falta bastante dinero para invertir, tiempo que dedicarle, publicitarse prácticamente sin ningún apoyo profesional y tocar, tocar y tocar. Algunos grupos logran reconocimiento público, pero otros, no tan afortunados, terminan por disolverse
Texto y fotos por Ermelinda Maglione

En Venezuela existen cientos de bandas de rock. Son grupos de jóvenes que desean que otros escuchen su música, asistan a sus toques y compren su demo. Son melómanos que quieren darse a conocer en un país donde el apoyo a los músicos independientes es casi nulo y en el que pareciera que la llamada “movida rockera” quedó estancada muchos años atrás.

Dos de los principales retos que tienen aquellos que deciden juntarse con otros músicos y formar una agrupación son el costo de todo lo relacionado a tener una banda y la falta de apoyo por parte de instituciones, del Estado y el público en general.

Fernando Rodríguez, baterista de la banda Blackout, asegura que hay que invertir grandes sumas de dinero en tratar de darse a conocer tanto en la capital como en el resto del país. Este gasto se evidencia principalmente en los instrumentos musicales y su mantenimiento, en el costo de una sala de ensayo, la grabación de un EP, demo o disco y en la organización de presentaciones en locales.



Una guitarra o bajo eléctrico cuesta entre BsF. 1.500 y BsF. 2.500 por internet; un amplificador pequeño de 30 vatios no baja de BsF. 450; una batería puede llegar a valer BsF. 5.000 o más y sin contar con algunos platillos, pedales y otros accesorios. A todo esto se le suma el valor de la calibración de los instrumentos, las cuerdas, uñas, baquetas y cables que hay que adquirir con frecuencia, así como estuches, pedaleras y diversos complementos necesarios.

Si un grupo no puede contar con un espacio en casa de alguno de los integrantes donde practicar, debe ir a un estudio. Éstos se pagan por hora (alrededor de BsF. 100) y generalmente las agrupaciones ensayan mínimo dos veces al mes.

“A la hora de organizar los toques en locales, son las mismas bandas las que pagan el alquiler del sonido y el backline”, dice Fernando. “También se invierte mucho en grabaciones y en material POP como franelas, chapas y calcomanías”, asegura el baterista.

La primera grabación de Blackout (Matasound, un demo con dos canciones) fue por cuenta propia y, según la banda, la del álbum también se hará con dinero proveniente de los bolsillos de los integrantes, ya que en Venezuela hay muy pocas disqueras interesadas en bandas de este estilo. De hecho, son casi inexistentes, comenta el músico, cuyo grupo toca “hardcorepunk, con vestigios de grindcore”.

El bajista y vocalista de la banda de ska punk bossa Nictofobia, Olberg Sanz, opina que además de tener buenos instrumentos, equipos y ser talentosos ayudan el atractivo físico, las relaciones públicas, la calidad de las canciones en cuanto a propuesta y sonido, e incluso —aunque no muchos lo reconozcan— suerte.

El EP Nictofobia, que salió en 2006, costó BsF. 2.300, sin contar con los gastos de reproducción de discos. El proceso duró aproximadamente seis meses y se pudo financiar por partes con ayuda de amigos de la banda, comenta Olberg.

Además de ese disco, Nictofobia ha grabado “Laberinto”, su primer demo en 2003 y SkaPunkBossa, EP de 2007. Actualmente están produciendo Con Todos Los Juguetes.

Las bandas generalmente tocan gratis, según Fernando, pero es necesario hacerlo de esa manera para darse a conocer. Los posters y flyers ayudan también, así como aparecer en medios, festivales e Internet. “En Venezuela, específicamente en Caracas, los grupos surgen por el boca a boca, pues la escena local es bastante pequeña y eso ha facilitado que las personas afines al género (rock) rieguen la voz acerca de las agrupaciones que están tocando”, dice el baterista de Blackout.

La Vida Bohème, conjunto que ganó el Festival Nuevas Bandas 2008, considera que lo que los llevó a obtener el galardón fue el “tocar y tocar mucho”, no sólo en locales sino ensayar con frecuencia y darse a conocer como grupo, utilizando todos los métodos descritos por Fernando y Olberg, añadiéndoles toques gratuitos en colegios.

Así como hay bandas que logran presentarse y ganar uno de los festivales musicales venezolanos más reconocidos, como es el caso de La Vida Bohème, hay otras que terminan por disolverse. Una de ellas es la agrupación de punk Estuproi, que estuvo en su mejor momento en 2005 cuando era reconocida tanto en Caracas como en Valencia. Sin embargo, terminó separándose dos años después porque sus miembros tenían otros proyectos en mente, de acuerdo con Luis Medina, ex baterista.

Los integrantes de La Vida Bohème dicen que nunca llegaron a perder la esperanza con su música, pero que siempre surgen golpes morales y patrimoniales. Olberg de Nictofobia opina que la esperanza es lo último que se pierde. “El día en que no creamos en la música, habrá culminado nuestra misión en el mundo”, agrega.




La “movida”, ¿existe o no existe?


Algunos consideran que la “movida rockera” se ha estancado, no porque no existan bandas (porque éstas nacen todos los días), sino porque no hay suficientes locales o sitios para realizar toques, soporte de disqueras, medios e instituciones. Fernando cree que últimamente sí se ha presentado un crecimiento del apoyo en cuanto a cobertura y lugares para tocar, pero es algo mínimo. Sin embargo, el baterista opina que con el tiempo y trabajo se logrará una movida reconocida.

Los chicos de La Vida Bohème simplemente sostienen que no hay movida, sino que existe un grupo de bandas desperdigadas por el país, algunos locales que las dejan tocar y uno que otro festival que muchas veces no tiene una segunda edición. Hechos como el Festival Nuevas Bandas, sitios que se prestan a que agrupaciones nuevas toquen en sus tarimas -como es el caso de Sake Bar en Caracas- y algunas personas que siguen apostando por los grupos nacionales (llámense managers, productores, reporteros, entre otros), le dan algo de continuidad a una escena que ha gozado de breves momentos de coherencia y seguridad, porque todos los locales cierran y las bandas se separan.

LA VIDA BOHEME @ POR EL MEDIO DE LA CALLE