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domingo, 6 de abril de 2008

La buena estrella de El PUMA


Publicado por: Panorama

La buena estrella de El PUMA

Hace 42 años comenzó su carrera artística, impulsado por Lila Morillo. Logró una estrella en el Paseo de la Fama. Su actual familia atraviesa por duros momentos defendiendo la integridad de su hija Génesis. “Dueño de nada”, “Por si volvieras”, son sólo dos de sus éxitos.


Texto: Robert Arapé

El Festival de Viña del Mar del año 1980 literalmente se vino abajo por la euforia de los asistentes cuando José Luis Rodríguez interpretó “El Pavo Real”, un tema vibrante y pegaso al estilo disco. Por primera vez el público pedía a gritos una “¡Gaviota! ¡Gaviota! ¡Gaviota!”, el máximo galardón de la noche para una estrella invitada.

El cantante venezolano recorría a pasos agigantados los caminos de la internacionalización como un precedente nacional para artistas como Oscar D'León y Ricardo Montaner. Aún puede darse el lujo de ser el primer venezolano con una estrella dorada en El Paseo de La Fama en la Calle 8, en Miami, recibida el 9 de febrero de 2002. Todavía le resta recibir el primero de septiembre de 2004 el Grammy Latino por una gran trayectoria.

“Comenzó hace 42 años con Los Zeppis, un quinteto creado por jóvenes delgados, en la cual también participó Estelita del Llano, luego de estudiar música en la Escuela Técnica Industrial de Caracas. Bajo las luces, emocionado por los aplausos, encontró su destino interpretando éxitos rocanroleros hoy olvidados”, relata el periodista zuliano Rubén Valera.

Lanzado al estrellato en solitario, Felipe Pirela abandonó en 1963 la orquesta Billo's Caracas Boys. Con el sueño de su vida a pique, Billo Frómeta propuso audicionar a ese joven de voz potente y acariciadora, a quien observó cantar en el Show de Víctor Saume.

El melenudo Rodríguez aceptó y dio en el clavo. Vestido con un traje oscuro cruzado, conquistó al maestro Frómeta con una versatilidad vocal para pasearse del bolero a la guaracha y del chachachá al guaguancó. Con el tema “El retrato de mamá” e integrándose a las voces de Cheo García y Memo Morales, dominó por cinco años las noches caraqueñas.

Piedras al cocotero

Ya Lila Morillo brillaba como una luminaria, era una vedette con nombre propio y le imponía a las bandas su ritmo tropical cuando coincidía con José Luis Rodríguez en el programa “Esta noche Billo's”, en Radio Caracas Televisión.

“Se quitaba el saco de cantante caribeño y como cualquier mortal aplaudía entre el público”, recuerda la vocalista. Si en el escenario la creía inaccesible, la vida la puso en sus manos. “No me cansaré de decir que tropezamos en el umbral de la puerta trasera de Rctv”, dice la celebridad maracucha.

El impacto selló sus vidas con un amor insondable. El cantante de Billo's al fin estableció una relación emocional duradera. Lila, por su parte, hizo pedazos el vínculo con Mario Suárez, quien en 1958 le abrió las puertas del espectáculo.

Tienes todo el talento para triunfar solo José Luis, le decía la diva del “Cocotero” impulsándolo a ganar un puesto en la vida y avergonzada por los tres mil bolívares de sueldo que su novio ganaba como vocalista principal de la orquesta del dominicano.

“Y se lo metió por los ojos a los ejecutivos de la Cadena Venezolana de Televisión e hizo que brillara en Venezuela”, hechos del cual Isa Dobles, jefa de prensa de la pareja en aquel entonces, no tiene la menor duda. Lo acompañó a la clínica a operarse de la nariz y a borrar de su rostro algunos lunares. La futura señora Rodríguez encendía el televisor orgullosa de que su compañero interpretara “Los amores de María Merced”, la telenovela que ella protagonizaba en el tope de la sintonía. Hasta le compró su primer automóvil, un convertible igual al que conducía Cherry Navarro.

En 1974 un “culebrón” mordió al pueblo venezolano, al Venevisión transmitir “Una muchacha llamada Milagros”. “Delia Fiallo le entregó a Rodríguez el papel de 'El Puma', un personaje con una sensualidad salvaje, enfrentado a un felino en medio del monte, al cual mata con un cuchillo afilado. Le corta la cabeza al animal y lo pone en el salón de la casa; se cuelga además los colmillos al cuello y de broma no le roba el corazón a la protagonista”, recuerda la señora Consuelo de Morales, amante desde joven del género popularizado por el cubano Félix Caignet.

Con el tema “Mi amigo el puma”, cantado por el argentino Sandro, el drama conquistó los hogares venezolanos de tal modo que el apodo del personaje superó al nombre propio del artista. De esto hace 30 años.

A oscuras

Lila estaba satisfecha de que su marido tuviese una carrera a su altura, aunque de continuo la atormentaba la pregunta “¿dónde se encontraba cuando no estaba grabando y no daba señales de vida?”

Aunque “el felino” caballerosamente nunca reveló detalles de sus aventuras, los rumores que escuchaba su esposa eran cada vez más verdaderos y los nombres de Pierina España y Rina Ottolina se asociaron con frecuencia a la infidelidad de su pareja.

Ella nunca dio razones para temer. Sabía que eran payasadas las fotografías que mostraron los periódicos de Lila dándole de comer en la boca al actor norteamericano Lee Mayors, el Hombre Nuclear, durante su visita a Venezuela. Y nadie duda de que la más “alzada” de los Morillo ame al señor Rodríguez hasta el Sol de hoy.


No obstante, la tragedia estaba instalada en la residencia del célebre matrimonio en El Cafetal. Como una manera de salvar la relación, Lila y José Luis acudieron un domingo al templo, invitados por Osvaldo Rodríguez. Cuando la intérprete de “Fuego lento” dio un paso al frente e hizo la confesión de fe, El Puma no pudo evitar que invadieran su mente imágenes de la Morillo con vestidos escotados, brillando cual reina de la noche. Le gustó ese acto: por lo menos no le hacía una escena de celos al llegar a casa.

Le tocó convertirse al Evangelio una tarde mientras escuchaba una predicación en su automóvil. Buscó a su compañera y le pidió perdón. “Fueron felices de nuevo y hasta predicaron La Biblia de su felicidad en la Iglesia La Cruz en Maracaibo -recuerda la señora Alba Molina, allegada a la pareja en labores domésticas-. Testimonio de esa época es la canción 'Se busca'”.

“'Estoy arrepentido', confesó a la prensa y reconoció sus múltiples infidelidades con mujeres de una mala vida como calificó a la sacerdotisa de María Lionza, Beatriz Veit-Tané, quien lo demandó infructuosamente por perjurio”, recuerda el periodista Carlos Omobono.


A la cúspide


Si en 1974 sus movimientos de caderas llegaron a España como una improvisada canción mezclada con “Numeraun, numeraun” y llamada “El Pavo Real”, en 1978 “Voy a perder la cabeza por tu amor” arrebataría el alma de Latinoamérica. Sería la melodía promocional de “Cristina Bazán”, un clásico teledrama boricua.

Impacientes lo esperaban Julio César Mármol y Kiko Olivieri con el libreto de “Estefanía”, la crónica del amor imposible en tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, la cual abandonó antes del final por compromisos en el extranjero.

De las manos del representante artístico Toty Maselly y del compositor español Manuel Alejandro, quien puso el éxito en boca de Julio Iglesias y Raphael, la cúspide del espectáculo estaba a un paso. Con “Dueño de nada”, “Culpable soy yo” y “Por si volvieras” llenaba las plazas de un continente. Sólo en Venezuela ganó más de 25 discos de oro por ventas que superaban las 100 mil copias por cada Lp.

Pero los escombros subieron a la superficie de la laguna. Un tal Juan José Rodríguez sale a la luz pública como el hijo de El Puma, nacido de una mujer humilde, fallecida de un derrame cerebral. El pequeño ayudaba en casa a vender arepas con apenas 12 años y ya huérfano no tuvo más remedio que trabajar de empacador en un supermercado, donde conoció a Rosa Amelia, tía del solista de “Sueño contigo” y “Agárrense de las manos”.

“La señora escuchó la historia de 'El Pumita' latiéndole el corazón y lo llevó a casa, donde el parecido sorprendió a todos -rememora María Isabel de Los Ríos, cronista de la publicación VEA-. No obstante, José Luis se opuso a hacerse la prueba de ADN. Negó su paternidad y pidió a Juan José que le siguiera el juego. Osvaldo salió a la palestra y, faltando al mandamiento de 'no dirás falso testimonio', se adjudicó la paternidad del muchacho”.

José Luis también creció sin padre. Nació el 14 de enero de 1943, en la parroquia Santa Rosalía de Caracas, en un hogar de once hermanos; allí se sucedía un batallón garciamarquiano de peleas, almuerzos y alegrías. Su padre José Antonio, comerciante de oficio, descansó en paz cuando él tenía seis años y tuvo que ser el hijo que acompañó a su madre Ana al exilio a Guayaquil, Ecuador, como resultado de las actividades políticas de su progenitora, censuradas por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Su madre Ana fue la razón por la cual regresaba de tanto en tanto a Venezuela y quizás el vínculo que perdió con el país a su fallecimiento. Ella le inculcó los ideales de justicia social por los cuales siempre se le consideró un potencial candidato presidencial. Carlos Andrés Pérez olfateó la popularidad de El Puma, en 1988, y se hizo fotografíar mientras le daba la mano.

Adiós, Lila

Si con Lila conquistó Venezuela, se lanzó al mundo tomado de la mano de Toty Maselly. El empresario le pidió a El Puma que comprara una mansión en Miami, popularizada como la “Jaula de Oro”. Le susurró al oído que prescindiera de la colorida Lila, “quien siempre dejó claro que Maselly dio el golpe de gracia a su matrimonio y aún ahora lo odia como sólo una esposa engañada desprecia a otra mujer: hasta la muerte”, expresa Valera.

Así se desencadenó la ruptura de un hogar con dos hijas, Liliana y Lilibeth. “Uso el Morillo por el orgullo de la familia de mi madre”, dice Lilibeth; Liliana por su parte no guarda rencores. Las hermanas Rodríguez Morillo dicen mantener “una buena relación con su padre, aunque cada quien en su propia vida”.

En 1987 todo estaba dicho. José Luis se quedó con los bienes del exterior y entregó 13 millones de dólares a su ex esposa. Lila prefirió quedarse con los recursos en Venezuela y confesó que su ex cónyuge sacó todo el dinero del banco y la dejó en la ruina.

El día de la ruptura final, el gran baladista venezolano pidió permiso ante el juez y fue al baño. Regresó secándose las lágrimas, con la fuerza para estampar su nombre en los documentos del divorcio que su compañera nunca firmó.

Luego destapó el amor por la modelo cubana Carolina Pérez, a quien conoció durante una fresca velada mayamera. Se casaron en 1986 y Venevisión se dio el lujo de transmitir la boda. Entre tanto, Radio Caracas Televisión entrevistó a Lila y la intérprete de “Ese hombre” confesó: “Estoy más alegre que nunca”.

No transcurrieron los nueve meses y ya la cigüeña traía a Génesis, hoy convertida en actriz, cuya participación en la telenovela “Prisionera” ha desencadenado en un escándalo legal por una relación sexual con el actor Mauricio Islas, a quien El Puma demandó por supuesta violación ante las leyes norteamericanas porque la hija es menor de edad.

Sin embargo, la buena estrella no ha dejado de brillar en el horizonte del cantante. Se nacionalizó norteamericano, grabó discos con Los Panchos, El Mariachi Vargas y Raúl Di Blasio. No volvió a divorciarse. “¿Qué es la felicidad? -se pregunta José Luis desde Miami-. Claro que soy feliz, aunque nadie lo es las 24 horas del día. Vivo una estabilidad emocional invalorable”. Es el gran romántico venezolano: aún las parejas se enamoran con los boleros que interpreta, tal como antaño los enamorados encendían las rocolas para escuchar su voz y bailar al ritmo del amor bajo las estrellas.

ACTUALIDAD

Creó el canal Puma TV logrando posicionarse en Latinoamérica y vendiéndolo luego.

Se convirtió en uno de los portavoces del Viagra, la popular pastilla contra la disfunción eréctil.

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