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lunes, 18 de agosto de 2008

Venezolanos tienen a BEIJING en salsa




PUBLICADO POR ESTAMPAS

Mientras los atletas nacionales transpiran en los estadios por obtener una medalla en las Olimpíadas, estos tres compatriotas están haciendo sudar la gota gorda a una buena parte de los habitantes de la capital china para meterles la salsa en el cuerpo Por Efraín Castillo

EL QUE PUSO A BAILAR A BEIJING
Se fue a la capital china a estudiar cuando tenía 19 años y descubrió que sus habilidades podrían poner a bailar a Beijing. Nueve años después, dice con orgullo haber sido el primer instructor de salsa de esa ciudad.

"En el 99, para los chinos la salsa era Gipsy Kings y Macarena". Así resume Alejandro Angulo el desconocimiento que sobre el ritmo latino existía en la capital del gigante asiático hace casi una década. Sin embargo, lo que parecía un obstáculo se convirtió en una verdadera oportunidad para Angulo, quien había llegado a Beijing a estudiar por un año en la Escuela Internacional de Negocios y compartía su tiempo entre las clases de inglés y mandarín a las que asistía y su trabajo como instructor de fitness. Según cuenta, el caraqueño se convirtió en el pionero del ritmo latino en Pekín cuando un amigo francés le preguntó si podía dar clases de salsa en Habana Café, la discoteca que había abierto y la que sería la primera de su tipo en esa ciudad. "Debo decir que al principio fue un poco duro, pues nadie sabía bailar salsa. En mi primera clase tuve tan sólo cuatro personas y me pegó, porque en Venezuela mis clases de aeróbics estaban totalmente llenas y la gente bailaba, se movía y hasta gritaba de alegría. Aquí era otra historia".

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que los asiáticos siguieran sus pasos y sus lecciones comenzaran a escucharse por toda la ciudad. "Gracias a Dios fue mágico, porque de cuatro alumnos que tuve la primera semana pasé a 10 la segunda, y la cifra siguió subiendo día tras día, con la ayuda de fiestas que organizamos para promover las clases y presentaciones de baile que hacía junto a mis alumnos. Al poco tiempo llegué a tener cursos de hasta 80 personas. Mis clases en Habana Café aparecieron en la TV china, en revistas nacionales e internacionales como Madame (del diario francés Le Fígaro), en la portada del Beijing Journal (una guía de sitios y actividades de la ciudad) y no quedó una revista china sin hacer un artículo sobre mis clases y presentaciones. Grabé también un video con una cantante juvenil de acá que salió en la versión china del canal MTV, representé a Latinoamérica en el Festival Internacional de Culturas de China y hasta he dictado clases particulares de baile a cantantes muy importantes chinos y taiwaneses. Incluso, he organizado presentaciones de baile y conciertos por toda China y he tenido la oportunidad de conocer personajes internacionales como Joaquín Cortés, entre otros".

Pero el "guaguancó" de Alejandro lo llevó más allá, porque a los meses se convirtió en empresario. "Este proyecto comenzó junto a un amigo italiano quien me ayudó con la inversión de lo que sería Latinos, la primera discoteca con música en vivo hecha por un latino. Cuando abrimos, había sólo cuatro locales similares y, rápidamente, nos apoderamos del mercado. Después comencé a traer músicos venezolanos a Beijing para que tocaran en mi local. Muchos de ellos se quedaron". Aunque su disco cerró temporalmente, Angulo todavía es llamado por negocios similares, que lo invitan a dar lecciones de salsa y a asesorar en el manejo de los locales. "Inclusive, le doy asesoría al Congreso Internacional de Salsa de China", cuya primera edición se realizó en 2006 y volverá a efectuarse en octubre de este año con miles de participantes asiáticos que quieren mostrar sus habilidades como bailarines de salsa.

Sin ningún tipo de complejos, Alejandro Angulo se siente un gran promotor de la cultura hispana en Beijing. "Y si hablamos de baile no solo he contribuido, sino que me siento muy orgulloso de decir que soy el pionero. Cuando abrí la primera escuela de salsa, en Beijing no había ninguna otra. Hoy en día hay más de 20. Y los instructores de las más grandes fueron alumnos míos".

NIHAO, ALEJANDRO
Nihao significa "hola" en mandarín. Y aunque China ha resultado lejana e impenetrable para los occidentales, pareciera estarse convirtiendo en la nueva tierra prometida de muchos. Alejandro Angulo es una prueba de ello. No sólo ha sido dueño de discotecas sino que ahora es el director de una cadena de 11 gimnasios llena de clientes locales, donde, por supuesto, no faltan las clases de salsa. "China cambia rápidamente día a día. Los chinos tienen contacto diario con culturas diferentes. Actualmente este país es la fábrica del mundo y realmente creo que aquí tienen un deseo enorme de ser occidentales".

De hecho, a Angulo lo que más le asombra de su nuevo sitio de residencia es la amplitud que siente. "Lo que más me gusta de China es el intercambio cultural día a día. En una cena puedo tener una conversación en chino con amistades de este país, en español si hay algún latino y en italiano si está mi novia, mientras a mi lado hablan francés y, en la mesa de atrás, se escucha el alemán, el japonés o cualquier otro idioma. Además, este país está en constante crecimiento, lo que te obliga a no quedarte haciendo lo mismo. Siempre tienes nuevas ideas, nuevos retos y metas". Unas metas que también le han servido para sobrellevar la enorme diferencia cultural. "Basta tener personalidad y ganas. Amo Venezuela, extraño mi gente, mis playas, mi comida y, sobre todo, a mi familia, pero creo que hay muchas cosas por hacer aquí en Beijing. Éste es un sitio ideal para personas con creatividad y ganas de triunfar. Yo llegué aquí hablando solamente español y ahora hablo cuatro idiomas". Su secreto para dejar la huella venezolana y latina se resume de esta manera: "Buen sentido del humor, paciencia… y ¡salsa!".

UN NEGRITO EN LA GRAN MURALLA
José, el negrito, se dice a sí mismo. Y es un negrito que triunfa en Pekín. Nacido hace casi 35 años en una medicatura rural de San Joaquín, en el estado Carabobo, José Gregorio Pérez Escalona ya tiene cuatro años y cuatro meses viviendo en la capital china, adonde llegó a hacer lo que comenzó desde que era niño: música.

"Aló, quién habla", respondió en perfecto castellano cuando desde Caracas se le contactó para esta entrevista. Incluso, cuando se le mencionó cuál era el interés periodístico llegó a decir, algo incrédulo, pero con el tono bromista de los paisanos: "¿tú me estás hablando en serio? Mira que por ahí hay mucho venezolano jod… que a lo mejor quiere echarme una vaina". Lo cierto es que después de convencerlo, José accedió a facilitar su correo (que incluye el "negrito" en la denominación) y a responder vía Internet las inquietudes que, desde este lado del mundo, surgieron sobre su nueva vida en Pekín. Bajista, percusionista, guitarrista, pianista, compositor y arreglista son algunas de las habilidades que suma en su carrera, que incluye trabajos en agrupaciones folclóricas locales como Guayonbe, Expresión Nuestra, Relámpago, Embajadores Barinas, así como en ensambles de jazz, reggae y, por supuesto, orquestas de música bailable. El "guateque" que logró con tanto trabajo pronto lo llevaría hasta tierras tan lejanas. "Llegué a China el 11 de marzo de 2004 a través de una propuesta de trabajo, gracias a la recomendación de otros músicos que ya me conocían y sabían de mi trabajo como tecladista".

José Gregorio se embarcó en la aventura aprovechando la movida latina que cautiva cada vez más a los chinos, a quienes con su talento puso a cantar y bailar interpretando en su piano canciones de salsa, como parte de varias bandas latinas que se presentaban en discos locales. Desde hace dos años es el director musical de Savor Latino (con V de Venezuela), una banda de salsa conformada por puros venezolanos y gerenciada por Gilberto Romero, el cantante y mánager del grupo. La agrupación se presenta todos los días en Salsa Caribe, la discoteca latina más grande de las cuatro en su tipo que existen en esa ciudad, ubicada a pocas cuadras de Sanlitun, la famosa calle de los bares y pubs de Beijing. "Gilberto se encargó de la búsqueda de talentos para crear este grupo. Fue integrado por músicos venezolanos y un percusionista cubano. Un año después se sumó un percusionista nuestro y la banda se convirtió en 100% venezolana", dice un orgulloso José Gregorio.

Sin embargo, no fue fácil para Pérez la adaptación, aunque nunca dudó en la posibilidad de mudarse. "Simplemente decidí probar suerte fuera de mi país. Por supuesto, me pareció interesante China debido a sus grandes misterios y su cultura". Una cultura que en algún momento lo abrumó, pero no le impidió acoplarse. "Lo primero que hice cuando llegué fue mirar a mi alrededor y tratar de conseguir cómo desenvolverme en un país donde la cultura y el idioma son diferentes a lo que estaba acostumbrado. Es un poco difícil acostumbrarse a cosas como la comida o los hábitos, pero todo es cuestión de prepararse psicológicamente. Estudié en la universidad algo del idioma (mandarín o putongua), y aunque no pude concluir la etapa requerida debido a mis ocupaciones, aprendí cosas esenciales para desenvolverme. Además, aquí mucha gente habla inglés y algunos habitantes también dominan el español. También muchos latinos que están en las universidades te tienden la mano con respecto a la comunicación cuando el tema de conversación es delicado y de suma importancia".

LO LATINO CRECE, PERO CON CAUTELA

José siente que ha ayudado a promover la cultura latina en Beijing, pero advierte que los chinos son muy respetuosos de sus propias raíces. "Les gusta la música latina porque les parece alegre, apasionante y buena para mover sus cuerpos, divertirse y hacer algo de ejercicio. Incluso es increíble ver como ellos han desarrollado habilidades para bailar salsa gracias a la práctica, día a día, y ven el ritmo como una buena razón para hacer enlaces sociales. Pero éste es un país donde las personas conservan su integridad. Siempre hacen preguntas acerca de nuestras comidas, de nuestras costumbres, entre otras cosas, pero manteniéndose ellos mismos como lo que son".

Quizás por eso él y los miembros de Savor Latino, la banda de salsa a la que pertenece, han decidido no sólo llevar hasta allá la música de estos lares sino aprovechar el bagaje artístico asiático para hacer fusiones o adaptaciones. "Hemos versionado algunas canciones muy populares para los chinos, transformándolas en salsa. Y la receptividad ha sido grande. Eso nos ha ayudado no solamente a tocar en clubes, sino también en sitios históricos como la gran muralla".

Aunque extraña Venezuela, donde están sus dos hijos de 13 y 11 años de edad, siente que es mucho lo que puede hacer en ese lugar tan distante.

¿Qué se siente ser un venezolano en Beijing?
"Un venezolano en Beijing es libre, sin ningún tipo de discriminación de raza. Algunas veces al salir a la calle no falta un chino que te mire con curiosidad ya que eres alguien diferente para ellos. Algunos simplemente te ven con normalidad. Eso sí, todos son muy educados".

Él es el cantante

A los 38 años, Gilberto Romero es la voz de Savor Latino (con V de Venezuela), la orquesta que todos los días se presenta en Salsa Caribe, la discoteca más importante de Beijing. Ya tiene casi cinco años en la capital china, adonde llegó por intermedio de Alejandro Angulo, cuando el venezolano era dueño de la discoteca Latinos y necesitaba una orquesta que pusiera a sonar la salsa en esa tierra. "Vi la oportunidad de crecer como cantante y económicamente. Ésa fue mi motivación. Me dije: si estoy bien, los míos estarán bien".

Más allá de todo el proceso de adaptación que ha tenido que sufrir en estos años, Romero está convencido de que él y el grupo de venezolanos que hacen vida en Beijing están haciendo mucho por la cultura hispana. "Estar en Beijing, al principio, me pareció una aventura. Hoy día puedo decir que me siento bendito y orgulloso al tener la oportunidad de llevar lo nuestro, a través de la música, mucho más allá de nuestras fronteras. Más aún me gusta que sepan que soy venezolano. Me gusta mostrar la calidad de persona que es el venezolano. Aquí con la variedad de nacionalidades, se palpa la admiración y la aceptación por lo que hacemos". Por eso Romero no descarta poder aplicar ese talento para impulsar una banda de salsa con chinos como integrantes, y hasta repetir aquella experiencia de la Orquesta de La Luz, hecha con japoneses. "Existen músicos interesados en nuestra cultura y se han dedicado a estudiar los ritmos latinos. Algunos están emigrando a Cuba, Puerto Rico y España para tratar de perfeccionar o tomar algo de lo que tenemos nosotros. Actualmente existe una banda de salsa, con una cantante y dos coristas chinas. Ya nosotros (Savor Latino) fuimos los primeros en agarrar un tema muy conocido para los chinos, pasarlo al ritmo de salsa y cantarlo en chino. Creo que sí hay potencial, pero aún falta camino por recorrer. Es muy temprano para hacer algo que se parezca a la Orquesta de La Luz, aunque los chinos son perseverantes y buenos copiando.

El asunto está en el feeling".Aunque disfruta del respeto y aceptación que dice sentir de Beijing, Gilberto sigue pensando en volver a Venezuela, donde están sus cuatro hijos, su madre y su familia. Mientras tanto, sigue disfrutando la oportunidad que tiene de brillar con su talento, aplicando los cuatro calificativos con los que se define como venezolano: "perseverante, luchador, trabajador y colaborador".

¡No es cuento chino!

13 escuelas de salsa, cuatro clubes con un día dedicado a la música latina y una gigantesca discoteca especializada llamada Salsa Caribe. Ésta es la cifra que maneja el diario El Comercio de Perú en un reportaje en el que da cuenta de cómo la movida latina se está apoderando, poco a poco, de Beijing. "De salsa no sabía nada. Somos una empresa formada por chinos. Descubrimos que existía un público occidental, especialmente latino, y, a la vez, un creciente número de chinos aficionados a estos bailes", dijo a la publicación Jack Li, dueño de Salsa Caribe. "Para los chinos la salsa es una forma rápida de conocerse en un contexto más relajado. Algunos dicen que les permite sentirse sexy", menciona el dueño de otro local. Lo cierto, pues, es que el ritmo parece indetenible. En 2006 se realizó el Primer Congreso Internacional de Salsa de esa nación y en octubre de este año se efectuará la tercera edición con más de 30 invitados internacionales. Y es que los chinos se lo están tomando en serio. Hace poco un bailarín de ese país derrotó a un cubano en una competencia efectuada en la propia Habana. ¡Cosa más grande!