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domingo, 26 de octubre de 2008

MISS VENEZUELA Mucha tela que cortar



Publicado por Estampas

EL MISS VENEZUELA equivale a la semana de la moda de otros mercados, porque en un país que idolatra a las reinas de belleza, los trajes que ellas usan definitivamente marcan tendencias. Y es que la pasarela de este concurso es la principal plataforma de los diseñadores locales, pues en ella se escribe la historia de la alta costura del país, aunque a algunos les disguste su estética, envuelta en los aires controversiales de la "moda espectáculo". 56 años han pasado desde que el Miss Venezuela se convirtió en fábrica de reinas, actrices, empresarias y políticas.

Pero, desde 1983, el concurso también es cantera de la moda local. Del mítico Guy Meliet al afamado Ángel Sánchez, muchos son los modistos que han catapultado sus carreras gracias a los minutos de fama que logran sus trajes al exhibirse en el programa más esperado por ajenos y entendidos y servir de segunda piel a las aspirantes a reina. Para muchos, la pasarela de la "noche tan linda" es símbolo de glamour y elegancia. Para otros, los más críticos, es sinónimo de un estilo recargado o demodé. Y es que, amado u odiado, el Miss Venezuela es lo más parecido en estas tierras a la Moda, ésa que no necesariamente muestra vestidos para usar, sino que exhibe piezas sólo para ver. Esa moda que está hecha para llamar la atención con todo lo que consiga a mano, incluyendo la polémica.Por Efraín Castillo

De los dibujitos a la pasarela

¿Sabía usted que los vestidos que en 1981 usaron Irene Sáez y Pilín León fueron creación de Osmel Sousa? Desde finales de los años setenta, a Sousa le fue encargada por la agencia de publicidad OPPA (propietaria para entonces del concurso) la tarea de diseñar y confeccionar los trajes de todas las misses, junto al modisto Elmar (creador de los trajes de espectáculo de la cantante Mirla Castellanos). Y es que el hoy "zar de la belleza" tenía años trabajando como dibujante de muñecas para los anuncios de prensa de la mencionada agencia. Y precisamente fue esa destreza a la hora de trazar siluetas femeninas la que le sirvió no sólo para aprender a "esculpir" mujeres reales, sino para convertir al concurso en pasarela de moda.

Antes de su llegada al certamen, los vestidos que lucían las participantes eran comprados por ellas mismas o, en el mejor de los casos, cedidos por las empresas patrocinantes. "Miss Aragua confía su elegancia a Selemar, que siempre es moda y tiene los mejores regalos para mamá", se le oía a una narradora durante el desfile de presentación de las candidatas de una de las ediciones, como ejemplo de lo que los organizadores lograban para que las muchachas lucieran, por minutos, la fantasía de la elegancia.

Cuando, a finales de 1981, la Organización Cisneros tomó el control del Miss Venezuela y nombró al cubano-venezolano como presidente, el ahora "zar de la belleza nacional" decidió incluir a otros modistos en el staff del certamen, convirtiéndose así en el propulsor de la carrera de muchos. "Yo fui integrando a los diseñadores que estaban dando sus primeros pasos en el país. Para ellos, eso de trabajar para un concurso era algo nuevo, distinto. Piera Ferrari me ayudaba a confeccionar los diseños que hacía para algunas misses, pero en 1983 le pedí que participara con un diseño propio para la candidata Paola Ruggieri, que al final se convertiría en ganadora. En el certamen del año siguiente, le dije a Guy Meliet que me creara unos trajes para otras niñas. Y después que entraron ellos, vinieron los demás. Desde entonces, todos los que cosían cosas importantes estaban aquí. Empezaron a involucrarse y a llamar a la organización para participar".


Meliet, Carmen Victoria
y la moda-espectáculo


Pero no fueron las concursantes las que dieron vida al concepto de pasarela de moda dentro del Miss Venezuela, sino Carmen Victoria Pérez, una de las más recordadas animadoras de este certamen. Pérez inició su trabajo como conductora en 1980 y, durante diez años consecutivos, no sólo utilizó su voz ronca y su garbo para darle prestancia al concurso, sino que decidió agregarle al evento un elemento adicional de fastuosidad: el vestuario. "Carmen Victoria Pérez -dice la misma Carmen Victoria desdoblada al hablar- creó un estilo en el Miss Venezuela con su vestuario, porque ella pensaba que había que incluirlo como un elemento más del espectáculo. Ella no pensaba que ese vestido era para lucirlo en una fiesta, sino que era parte del show". La "flaca", como se le conoció (y conoce) en el medio artístico, no pudo escoger mejor compañero de aventura: Guy Meliet, el modisto francés radicado en Venezuela que, para entonces, tenía un pequeño atelier y atendía a un selecto grupo de damas de sociedad, el mismo que gracias al Miss Venezuela se convertiría en el maestro de las futuras generaciones de diseñadores de moda en el país, hasta su muerte a principios de los noventa. "El primer año yo le pedí a ese extraordinario señor que era Meliet que me hiciera un vestido espectacular y fuera de serie, pero como no había tiempo, me cedió un traje del modisto internacional Tan Giudicelli que había traído para su boutique. El vestido era tan de avanzada para la época que generó comentarios fortísimos. Hasta Osmel Sousa tuvo que salir a decir que era una pieza de alta costura. Allí entendí que el Miss Venezuela no sólo era las candidatas o los musicales, sino que también podía ser mis vestidos y capitalicé el asunto. Al año siguiente, fuimos más atrevidos. Con el mismo concepto, Guy Meliet me confeccionó un traje 'bomba', y si antes hablaron del traje durante quince días, ese año hablaron de mi ropa durante un mes".

La atención generada fue tal que se volvió parte del programa anunciar la entrada de la animadora. "El país se paralizaba en el primer minuto para averiguar qué me había puesto. Hubo un Miss Venezuela en el que yo llevaba un traje con hombreras de aluminio. Fíjate el alboroto que armábamos".

Un alboroto que no se quedó sólo en generar habladurías sino que introdujo en el país el concepto de moda-espectáculo. De hecho, tan sólo tres años después de crear para Carmen Victoria, Meliet comenzó a coser vestidos para las candidatas, con su estilo "estrambótico", pero vanguardista. Así lo definieron los críticos: "Se evidencia su inclinación por el 'traje show', el uso de elementos y materiales atípicos (espejos, acrílicos, nylon, etc.), que en la alta costura no se utilizan y que en sus trajes dan efectos impresionantes… Meliet proviene de la escuela europea, fue alumno de Balenciaga y Jean Desses, pero ocurrió que al llegar de vacaciones a Caracas se enamoró de El Ávila de tal manera que se quedó a desarrollar aquí su trabajo y a tropicalizar su experiencia", dice un artículo reseñado en la página www.analitica.com a propósito de una retrospectiva de diseñadores realizada en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

A partir de entonces, el estilo Meliet tuvo tal influencia que, durante los años ochenta y noventa, los diseñadores que utilizaron el Miss Venezuela como pasarela de exhibición se dieron a la tarea de construir piezas que difícilmente podían utilizarse en una fiesta o compromiso social, pero que marcaban tendencia creativa. Las mangas exageradas, las hombreras con lazos grandes, las colas y los armadores comenzaron a ser infaltables en los vestidos de gala que desfilaban las misses convertidas en maniquíes. El propio Osmel Sousa deja claro que lo recargado y hasta "kitsch" de los trajes nunca fue una casualidad ni producto del "mal gusto", sino una necesidad. "Esto no es moda vivible y las cosas no pueden ser discretas ni sencillas. En el concurso, mientras más espectacular, más impacto. Cuando los diseños son muy simples, la gente se queja e incluso los comentarios en la calle son que el vestido es muy feo. La gente cree que los vestidos son recargados porque a mí me gusta así, pero no señor, esto es moda-espectáculo. Como la que impuso John Galliano con sus diseños estrambóticos o la de otros modistos en el mundo. Hace poco estuve en un desfile de Roberto Cavalli en el que una de las modelos mostró una chaqueta increíble. Cuando pregunté cuánto costaba, me dijeron que simplemente no saldría a la venta. Que era sólo para darle un toque de show a la colección. Eso es lo que aplicamos en el Miss Venezuela".

Carmen Victoria Pérez cree que cualquier crítica sobre la pasarela de moda del Miss Venezuela debe dejar de lado la idea de que los vestidos son recargados, porque a su juicio "eso forma parte del show". "El Miss Venezuela es magia, es fantasía. Sí, los vestidos son estrambóticos, pero son para el espectáculo. Las muchachas no van a un coctel en su vida privada con esos trajes. Más bien están probando su habilidad para lucir como modelos de algo que puede resultarles incómodo, pero que si lo saben llevar les dará muchos puntos en el futuro. Por eso me parece una necedad criticar utilizando ese criterio, porque el espectáculo admite lo estrambótico o lo excéntrico. Yo quisiera ser la asesora de imagen de las misses para que tú vieras las locuras que les colocaría encima (risas)".