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miércoles, 7 de mayo de 2008

QUIÉNES SON LOS "MUCHACHOS" DE DUDAMEL


PUBLICADO POR TODO EN DOMINGO

Los rostros felices de la orquesta

Han crecido con Gustavo Dudamel, lo han acompañado en deslumbrantes giras por el planeta y, desde su juventud, han deslumbrado al mundo en conciertos en España, Inglaterra o Alemania. Los jóvenes de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar han saboreado la gloria en equipo, bajo la batuta del estelar director, pero pocas veces las luces se centran en sus rostros particulares. Aquí, varios de ellos se ponen de pie y cuentan parte de su historia personal, que refleja los logros compartidos.

LOPE GUTIÉRREZ-RUIZ junioruiz@gmail.com FOTOGRAFÍAS LUIS COBELO luiscobelofoto@yahoo.com

Lo más parecido que puede existir al ensayo de una orquesta es un salón de clases. Un salón donde conviven los exámenes y los recesos, la escucha atenta a los detalles y la guerra de taquitos apenas lo permite una pausa. O por lo menos así son los ensayos que dirige Gustavo Dudamel, quizás el director de orquesta más nombrado estos días en el mundo, venezolano y omnipresente en los medios. Los ensayos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, que Dudamel dirige combinan la seriedad de docenas de músicos de altísimo nivel, con más de una década de experiencias compartidas: hablamos –por si no queda claro– de más de 10 años conociéndose y logrando metas juntos, de personas que empezaron su camino dentro del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles en la adolescencia o en la infancia, y que juntos han logrado metas impresionantes, incluyendo la increíble trayectoria de Dudamel.

Pues yo creo que todos tenemos historias distintas", comenta Vanessa Matamoros mientras descansa de un ensayo de seis horas. Ella es la única mujer contrabajista de esta orquesta sinfónica juvenil, y es apenas un poco más grande que el instrumento que toca.

"La primera vez que tuve algo que ver con el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles fue a los 12 años de edad, cuando vi un programa de televisión y le pedí a mi madre que me acercara al núcleo más cercano que teníamos de casa. No tenía ni idea de que había gente que estaba estudiando música desde los cuatro años de edad".

Para muchos estándares, Matamoros ya estaba mayor para empezar su interés por el mundo de la música, pero esto sólo demuestra lo distinto de todos los perfiles de los músicos de esta orquesta y la capacidad de logro cuando persiste el esfuerzo. "Soy de San José del Ávila, empecé en la sede del sistema de Parque Central y hoy día soy miembro de la Orquesta Sinfónica, tengo 22 años", agrega.

No hace falta que diga mucho más, basta con ver algunas de sus presentaciones con la orquesta para entender el alcance del esfuerzo: Argentina, Brasil, Alemania, Francia, Suiza y otro montón de países más han sido testigos del éxito de un sistema educativo único en el mundo, rico en sus diferencias.

"La primera vez que tuve un instrumento en mis manos fue a los cuatro años", comenta en contraste Katherine Rivas, aprovechando también el descanso de la orquesta. "Mi madre nos tomó a mí y a mis hermanos y formó una pequeña orquesta de flauta en Puerto La Cruz. Desde allí empecé a tocar hasta llegar, a los 12 años, a la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela. Nunca se me olvidará el momento en que entré a la sala de ensayos de esa orquesta por primera vez. Era apenas una niña rodeada por 200 niños iguales a mí, todos con sus instrumentos y nerviosos. Fue un momento maravilloso, que me cambió la vida", finaliza Kathy. De esa primera orquesta sobreviven numerosas amistades y compañeros de la orquesta actual, los más notables quizás sean el mismo Dudamel y el contrabajista Edicson Ruiz.

Si en los logros –y el esfuerzo– de Vanessa y Katherine se refleja el carácter ordenado y perseverante de los miembros de la orquesta, en la risa y tranquilidad de Leswi Pantoja, se expresa el otro aspecto que los mantiene unidos y trabajando constantemente en metas más ambiciosas: su camaradería.

Leswi es uno de los miembros con mayor antigüedad dentro del sistema y dentro de la orquesta actual. Es de Guatire, bonachón y para sorpresa de muchos, un verdadero multitasker: "Cuando nos lo permiten los ensayos, me junto con unos cuantos de los integrantes de la orquesta en un grupo de salsa que tenemos: Salsa Sinfónica. Es bien bueno", comenta riéndose y nadie lo duda. Allí Leswi no toca la tuba, instrumento enorme y difícil de interpretar fuera de los ámbitos académicos, sino el bajo, mucho más salsero. "En la orquesta puedes encontrar gente completamente distinta y eso es quizás lo mejor que tiene: gente como yo, a quien le gusta la salsa, gente que sólo escucha música clásica, que viene de un origen humilde, que viene de una familia acomodada, todos estamos aquí juntos y lo que nos une es el compromiso, las ganas de echar pa’lante", suelta entre risas. Termina el comentario y parte trotando con su tuba, listo para volver a su puesto tras el atril. De un bolsillo en el pantalón de Gustavo Dudamel guinda un par de audífonos de iPod. Y es obvio que en esta orquesta todos son fanáticos empedernidos de la música, sin importar el género.

Pero Lewsi no es el único de los miembros de la orquesta con más de una ocupación en su calendario, y mucho menos el único con una segunda ocupación relacionada con la música: "Junto con los ensayos de la orquesta, estoy estudiando en el Instituto Universitario de Estudios Musicales y también Comunicación Social en la Universidad Santa María. Estudio Comunicación porque me gustaría trabajar en las relaciones públicas del Sistema Nacional de Orquesta Juveniles. Toda mi vida ha estado vinculada con la música gracias al sistema y me gustaría ayudar de vuelta. Sé que puedo hacer mucho más que sólo tocar", dice Jhoana Sierralta, violinista. Ella ha sido partícipe de varios de los momentos más importantes de la orquesta en los últimos años y guarda consigo un recuerdo entrañable: la primera vez que Dudamel dirigió una orquesta.

"Estábamos descansando de un ensayo, cuando el maestro José Antonio Abreu, quien nos estaba dirigiendo en ese momento, levantó la voz y pidió que alguien afinara la sección de maderas de la orquesta. Como ninguno de nosotros se ofreció por pena, él llamó a Gustavo y le dijo que lo hiciera. Recuerdo que tenía la camisa por fuera y le faltaba un zapato, pero se paró y lo hizo y, bueno, lo demás es historia". Fruto del trabajo en conjunto, tanto Dudamel como Edicson Ruiz y otros músicos de esta generación han afirmado que buena parte del éxito de su trabajo se debe al equipo con el que crecieron, a la gente con la que trabajaron en Venezuela, que sigue trabajando aquí. Y que puede ser vista, y escuchada, todas las semanas.

"Tocamos todas las semanas ante el público. Ensayamos muchísimo y creo que allí reside el éxito de nuestro esfuerzo: en el sistema de enseñanza musical que existe en Venezuela y, además, en el tiempo enorme que destinamos a los ensayos", agrega Alejandro Carreño, uno de los personajes más particulares de la orquesta, pues es el concertino, nombre con el que también se le conoce al primer violín de una orquesta. Si alguien conoce de cerca el potencial del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles de Venezuela es él, pues durante años compartió el atril junto con Dudamel, quien también era primer violinista; aparte de descender de una familia de músicos con vocación hacia la enseñanza, particularmente dentro del Sistema de Orquestas Nacionales. "Venezuela tiene cerca de 300.000 estudiantes que todos los días tienen acceso a un instrumento musical y que pueden lograr un futuro tan o más grande que el de Dudamel, gracias a las ganas y al esfuerzo", añade. Él es quien hoy día se sienta más cerca de Dudamel en la orquesta, quien ha sido testigo de cómo el joven director, sin poder estar en Venezuela buena parte del tiempo, mantiene una orquesta de clase mundial y participa, de una forma u otra, en la toma de decisiones, los ensayos y las giras de los muchachos, como Dudamel los llama cariñosamente en los ensayos. Alejandro, como muchos otros miembros de la orquesta, sabe que Dudamel y la orquesta son uno, y que por eso, para entender ese acto maravilloso que significa hacer música juntos, muchas veces hace falta más que centrarse en el director. Hace falta mirar a su alrededor y descubrir que junto a él están sus amigos de la adolescencia, todavía confiando en él, confiando en ellos mismos y en el trabajo que sólo pueden hacer todos juntos. Todos ellos muy distintos entre sí. En la diversidad reposa la riqueza.