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lunes, 1 de diciembre de 2008

LA CARACAS DE TITINA PENZINI

PUBLICADO POR ESTAMPAS



TITINA PENZINI

Reconocida diseñadora de accesorios, si pudiera, le daría a Caracas un azabache del tamaño del Teresa Carreño para que la cuide de todo mal. Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

"Quisiera colgarte
El Ávila en el cuello"


Dice tener la practicidad de Nueva York y el romanticismo de París, mientras lo demás, todo lo demás, es absolutamente caraqueño. Nació en el Centro Médico de San Bernardino, y ha vivido en Sebucán desde los 11 años. La Caracas de su infancia, cuenta, era cosmopolita, y ella la vivió a plenitud gracias a su madre, quien varias veces fue modelo en las frecuentes visitas que los grandes diseñadores de la época hacían a la moderna capital.

A los 13 años se fue a un internado en Suiza y, luego, estudió Diseño de Moda en la Parsons School of Design de La Gran Manzana. Al regresar se unió a la Compañía Nacional de Teatro y trabajó en grandes montajes junto a José Ignacio Cabrujas. Pero de nuevo se fue, esta vez a Francia, y "con su portafolio lleno de ilusiones" se convirtió en respetada diseñadora de accesorios, una que, incluso, tuvo en Londres una tienda con su marca: Titina Penzini.

Pero aun allá, lo caraqueño se impuso como sello de sus creaciones. "Mis diseños -algo exagerados, de tamaños over size-, están influenciados por la exuberancia tropical de esta ciudad. Es que con esta naturaleza tan hermosa, claro que quisiera colgarte El Ávila del cuello", señala.


Pero sin ir a los extremos, cree que a los caraqueños, para combinar con su urbe, les haría bien accesorios con jades oscuros o turmalinas patilla, "que vayan del verde más profundo al rosado más sublime. Esa piedra tiene poderes de healing (sanación) muy efectivos, y a todos nos hace falta eso en esta ciudad", apunta.

Y a la propia capital le confeccionaría algo sencillo: un azabache. "Esa es una piedra de protección, y Caracas la necesita mucho. Claro, sería una del tamaño del Teresa Carreño para que pueda hacer algo", bromea.

Y ella, muy egresada de Parsons y todo, cómo no, apenas consigue un alambrito en la calle o una piedra que le guste, enseguida improvisa un diseño. "Lo que me encanta de Caracas es que en todos lados uno consigue los 'cachitos', unas medias lunas muy comunes con las que la gente hace delfines. Eso me fascina, y son muy caraqueños. En serio: donde los veo, los recojo", cuenta.

Una faceta que también desarrolla Titina es la de Dj. Desde hace meses está mezclando en varios locales de la ciudad, procurando originalidad para llenar el vacío que ella -que no se dice "rumbera", pero que "ama la noche capitalina"- ha sentido en la movida nocturna.

"Al caraqueño le gustan los sitios donde hay música y también se puede hablar. El punto es que aquí o eres full electrónico o eres demasiado merenguero. Por eso yo hago un in between: pongo musiquita chévere para bailar y conversar", dice.
Si algo le gusta en Caracas es salir, léalo bien, a hacer mercado, a escoger frutas y verduras con su carrito al lado. Eso sí, impecable siempre, perfectamente combinada, con sandalias espectaculares y con un bolso justo para la ocasión.

Y así como adora el San Ignacio, también disfruta las areperas o los lugares donde puede tomarse un "hervidito", y el Parque del Este, donde suele ir a correr. En cambio, abandonó la bicicleta. "¡Cancelado! Eso es imposible por la cantidad de huecos".

Por eso, aunque nunca obviará lo malo de esta metrópolis, concluye con sinceridad, y sin ánimos de patriotismo: "Aquí me quedo, porque Caracas es mi casa, mi familia, mis amigos. A veces pienso: 'Ok, me voy'. Pero reflexiono: Miami no me gusta, Nueva York tiene un ritmo que no quiero, Europa, qué va. Por eso Caracas es mi lugar. Yo no tengo otro pasaporte: venezolana y se acabó… y caraqueña, mucho mejor".

johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli
Vestuario: Alberto De Castro