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viernes, 28 de noviembre de 2008

¿Por qué si me ha ido tan bien, quiero regresar a Venezuela?


Publicado por EL NACIONAL

No se puede vivir aceptando y rechazando la misma alternativa: salir o quedarse. La mente humana no funciona de esa manera, al final del camino siempre se toma una decisión; y si ella es la de salir, pues adelante, hay más lógica en ello que en la contrariedad de no hacer lo que se desea o necesita

En junio de 1979 cuando César, un conocido mío de Maracay, se acercó a mi casa para despedirse, se marchaba a Francia, el fondo de toda su alegría era una gran desesperanza, estaba cansado de tanta inseguridad ciudadana, de los impetuosos políticos venezolanos plenos de promesas y dinero, de un sistema universitario que, incomprensiblemente, parecía cansado, sin prestigio, en un país joven e inmensamente rico.
César subió a mi habitación con mi primo Luis y directamente exteriorizó toda su ilusión en dejar, aunque fuera por unos días (7 exactamente) una Venezuela rural: ¡Imagínate París! ¡Imagínate, yo en Londres! ¡Imagínate viajar por Europa!

Su monólogo fue tan agudo que me apunté al viaje y sin darnos cuenta en 15 días estábamos volando rumbo a la ciudad de las luces. Yo cumplía en esos días 23 años.

Los siete días se transformaron en tres meses para César, y para mí en 30 años.

Esta es la historia de mis anhelos, de mis logros, de mi experiencia, de una huida hacia delante y de mi retorno a una Venezuela atrasada, ensimismada en su riqueza natural, desgajada socialmente, con una juventud dividida y con su inseguridad ciudadana internacionalmente reconocida.

De París me marché a Liverpool - Inglaterra -, y de ahí a Londres. Eran los primeros meses de una aventura que dura hasta hoy día y que está a punto de terminar con mi regreso, porque el ser humano puede vivir en cualquier lugar.

En Londres, ya pasados un par de años, y estudiando en un colegio en el SOHO, conocí a una chica española, hoy día mi señora, Rosa.

Rosa estaba en Londres por un año, había solicitado la excedencia en su empresa, después de 9 meses de conocernos ella tenía fecha de regreso a Madrid, así que no lo pensamos y casarnos fue la decisión que tomamos. En esos días la palabra "Pareja de hecho" no existía, tampoco el que te fueras a vivir con tu pareja sin pasar por la vicaría.

Nuestra boda la celebramos en Madrid y en esta ciudad terminé mis estudios de Sociología Industrial, nacieron mis 2 hijas, compré mis 2 casas, me convertí en accionista propietario de una importante empresa de telecomunicaciones y me he retirado.

Sin duda no puedo quejarme de cómo España me ha tratado: me lo dio todo y me pidió todo. Me pidió que mis criollos recuerdos cada vez fueran más recuerdos, más lejanos y más añorados. Jamás he podido olvidar las conversaciones de adolescente con mis amigos en el liceo Adolfo Ernest de Maracay, las parrilladas con hallaquitas, guasacaca y yuca frita, a unos 10 bolívares.

Me pidió que entendiera que los españoles son expresivos y no gritones. Me pidió que creyera que un país cuando quiere desarrollarse lo logra. Me pidió que pensara que Europa es la guía espiritual e intelectual del mundo - Roma y El Vaticano, Estocolmo, Viena, París, Berlín, Londres -. Me ha estado recordando, día tras día, que desde Europa se marca la diferencia y que el Caribe es lo exótico, el momento y el futuro.

Desde España he recorrido más de medio mundo y hoy con nuestra moneda podemos seguir haciéndolo con relativa tranquilidad.

Pero sí, mi balance es claramente positivo ¿por qué? Con 2 hijas, la mayor graduada en una de las más reconocidas universidades del mundo en dirección general de hoteles y hoy trabajando en una importante multinacional, y la otra con 16 años y en un liceo de constante reconocimiento en prensa por su alta exigencia. Con 2 casas en zonas residenciales, con un 4 x 4 de primera línea, jugando al golf las veces que quiera con mis hijas y mi señora, ¿Por qué quiero regresar a una ciudad que poco o nada es conocida en el mundo? ¿Por qué me he jubilado?

La respuesta es no, sencillamente quiero a mi país como el español a España y el italiano a Italia. Es sencillamente una necesidad que existe en mi mente, no en los objetos que tuve y tengo, sino en las momentos que viví aunque ellos ya no regresarán jamás. Son esos momentos los que hoy y siempre serán las causas de toda mi vida y de la vida de quien decida salir de su país.

Pero, ¿qué es lo que uno realmente ama? ¿Los recuerdos? Sí, las embaucadoras remembranzas de que todo el tiempo pasado fue mejor, las opiniones de terceros tienen poco que ver en ello, es uno, egoístamente uno solo el que se convence y quiere convencer a su yo y a quienes le rodean.

Cuando salí de Venezuela, por siete días, mi alegría por conocer mundo era el desaliento sobre una Venezuela que muy poco podía aportar y que aun continua en ese callejón. La moral de aquellos líderes había creado una estructura social que yo no entendía ni aceptaba, la descomposición política y empresarial era un ejemplo que en mi misma universidad venezolana se ponía como ejemplo a seguir.

Y ¿Aun así, quiero regresar? Sí. Las poderosas preocupaciones sociales presentes hoy son el reflejo de una sociedad con nuevas reglas y nuevos cultos que exigen aprender a luchar y a pensar, que demandan y quieren poner a prueba nuevas ideas frente a un nuevo desafío.

No se puede vivir aceptando y rechazando la misma alternativa: salir o quedarse. La mente humana no funciona de esa manera, al final del camino siempre se toma una decisión; y si ella es la de salir, pues adelante, hay más lógica en ello que en la contrariedad de no hacer lo que se desea o necesita.

La cuestión depende de la disposición al cambio de valores y costumbres que siempre hemos dados como inmutables, y a los límites económicos que permitirán una inclusión más lenta o rápida en una sociedad más desarrollada y homogenizada.

José Antonio Medina Ibáñez
España