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domingo, 7 de marzo de 2010

La eterna Karina


Fuente y fotos: Revista EME.

La María Magdalena de la versión venezolana de Jesucristo Superestrella fue en otros tiempos una especie de Miley Cyrus criolla. Era una celebridad demasiado luminosa. Tanto, que aún hoy ­tras más de 25 años de haber grabado su primer disco­ sigue brillando

Una muchachita de ojos píca- ros canta asomada en la escalera de la sala de ensayo "A quién... crees tú que dolerá, este fin...". Denota cierto fanatismo controlado por aquello de estar en el lugar de trabajo. La serenata es para la mismísima Karina, la que le cantó al Papa Juan Pablo II en El Taller del Orfebre y la que hace que cada vez que uno la nombre, alguien canturree un pedacito de cualquier gran éxito de los años 80.

Al subir la escalera de la sala donde se ensaya Jesucristo Superestrella, se acomoda uno de sus rizos y comparte a toda velocidad el apuro que implica ser mujer por estos días.

"Haces mil cosas al mismo tiempo, a veces me falta el día. Tengo dos niñas, una de 11 y otra de 4. Las llamo, les mando postales. Separarme de ellas es muy difícil.

Además, uno nunca quiere quedar mal como mamá, te sientes culpable porque algún show coincide con una fecha clave como el acto de fin de año. Pero bueno, es una realidad no sólo mía, sino de miles de mujeres que trabajan, son mamás, esposas, hermanas y tienen que agarrar un autobús, correr, comprar, arreglar la casa".

Asentimos convencidas por la propia experiencia.

El género en común rompe el hielo al instante.


La muchachita que le dio la bienvenida, que le pegó la canción a los presentes y que seguro también tararean los lectores que siguen estas líneas, va a su puesto en el ensayo. El elenco de Jesucristo Superestrella, estrenada el pasado 20 de febrero, está completo.

Entre ejercicios de vocalización ajenos, Karina cuenta sobre sus primeros días en el mundo del espectáculo, cuando vestía hombreras y tenía un resplandor ansioso de triunfo en la mirada.

"Mi primer musical lo hice cuando tenía 15 años.


Era el montaje de la Compañía Nacional de Teatro de Pedro Navaja. Él tenía tres mujeres, y yo era una de ellas. La más galla por supuesto. Estaba en el colegio, uno se limitaba al sub-mundo de nuestra comunidad, así que como nunca iba al centro de Caracas, todo esto se convirtió en una aventura". El aprendizaje junto a Francis Rueda e Isaac Chocrón dio frutos.

Al poco tiempo, era una de las nuevas artistas elegidas para trabajar en El Taller del Orfebre, un proyecto dedicado al Papa Juan Pablo II que dejó sólo un disco LP. Fue para esa producción que grabó "Zapatos de tacón alto", su primer gran éxito.

"Tenía 16 años y no tuve mucho tiempo de proponerme ser famosa, porque todo fue pasando cada vez más rápido. Eso sí, nunca sentí que me quedaba sin infancia, que me faltó esto o aquello, que no tuve amigos. En el Hebraica ­el colegio en el que estudiaba- éramos muy unidos y mi triunfo se percibía como el éxito de todos. Me perdí, quizás, una etapa posterior. Cuando empieza la universidad, cuando ya eres más independiente, tienes novios, sales a rumbear. Ese inicio de la adultez no lo viví con tanta intensidad. De hecho, yo estudie Comunicación Social en la Universidad Católica, coincidí con Gladys Rodríguez y Pedro Luis Flores. Evidentemente, ellos siguieron en la universidad y yo no". Como en las películas, al encontrar su vocación y, por supuesto, no tener tiempo para equilibrar los estudios con su carrera artística, se retiró, pero aún conserva las ganas de retomar el salón de clases.


Famosa sin Internet
En los tiempos de Karina, no había Internet ni globalización, por tanto los medios para impulsar a los artistas eran otros. Aquellas estrellas



se forjaron en giras, viajando intensamente, sin montar su música en el Myspace o pasar el dato de un concierto por el Facebook. Así era en los tiempos de "Sé como duele", uno de los hits de su primer álbum Amor a millón. "En aquella época había mucho respeto al artista como figura. Te presentabas en televisión, sonabas en la radio, hacías giras de prensa. Había un gran trabajo detrás de la industria del disco".

Tal vez por la velocidad de comunicación de nuestros días y el atore constante en el que vivimos, es que Karina siente que tiene que empezar desde el principio. "Aunque la gente me recuerda muy vívidamente y tengo un público leal que me sigue desde hace "veintipico" de años, también debo conquistar nuevos seguidores y en muchos sitios empezar desde cero". Y aquí se revela el secreto de su permanencia en la memoria de tanta gente: "La música es el factor determinante para que te recuerden. No se borra ni pasa nunca. La gente me recuerda con alegría porque la época en que me hice famosa fue una época feliz y próspera, por tanto los recuerdos que les trae mi música siempre serán alegres".